Carola Bedós

Lluvia

Luxtram. Febrero 2020

Las gotas no tienen forma de lágrima como mucha gente cree, son casi esféricas. Las más grandes son más inestables y se aplastan en la parte inferior por la resistencia del aire, adoptando la forma de un pan de hamburguesa o de  una hoja, o dividéndose por el mismo motivo. Según su intensidad se clasifica en las siguientes categorías: lluvia, llovizna, chubasco, tormenta, aguacero, monzón, tromba o rocío. En Luxemburgo las tenemos casi todas. Una verdadera maldición para las que tienen el pelo encrespado.

La lluvia puede acumularse, arrasar, persistir, engullir, anegar, desbordar, dar tregua, cesar, calar, confinarnos o incluso aburrir. Los belgas -que son gente creativa- tienen una marca de paraguas carísimos y de excelente calidad que se llama La Pluie est Belge. Elegancia para todas las estaciones, y costumizables a tu gusto. La descubrí hace poco en Bruselas. Si te compras uno, es mejor no perderlo ni prestarlo, porqué te da un disgusto del quince. Está claro que la lluvia es a los belgas y luxemburgueses, lo que el sol a los del sur.

Nunca había tenido botas de agua y aquí tengo tres. También he descubierto la utilidad imprescindible de las capuchas. Es cuestión de ir bien pertrechada si una quiere disfrutar del exterior. Si cancelas un plan porque llueve, acabas por quedarte confinada en casa y te pegarías un “tiro in bocca“, como dice mi amiga italiana los domingos por la tarde. Los italianos huyen del mal tiempo, están todo el rato cogiendo aviones para irse al sur. Son alérgicos a la lluvia, como los gatos.  De los ingleses hablaré otro día porque francamente, esta semana, merecen capítulo aparte.

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