Carola Bedós

Retratos

En la situación sanitaria actual nos vemos obligados a llevar mascarilla. No hay más remedio. Se da el caso que yo soy gran fan de las sonrisas, de las bocas bonitas que son la guinda del pastel de una cara expresiva. Por eso del arte de la fotografía, los que más me apasionan son los retratos. La persona y su circunstancia (o a la inversa).

Con mascarilla perdemos expresión visual, auditiva y la comunicación se empobrece y pierde interés, francamente. Ese pedacito de tela tiende a uniformizarnos y a despersonalizarnos. 

Por ello ahora dedico cada día un buen rato a clasificar fotos. Me detengo siempre en los retratos, miro las caras de mis amigos y conocidos, lo cual es muy evocador. Cada uno tiene su personalidad y su belleza. Muchos retratos, si nos fijamos, suelen mostrar el alma de esa persona. 

Es por ello que, a veces, también se convierten en elemento de autocomplacencia o de censura, o de autocensura que es peor. Mi padre y mi tía, por ejemplo, usan su “altar” de fotos en casa para hacer un ranking de fobias y filias de los hijos y nietos, o sobrinos. Según consideran que nos portamos, nos ponen delante o detrás, o nos eliminan temporalmente (como quien archiva un chat en whatsapp). La de la postguerra es una generación de silencios y extrañas formas de comunicar los afectos.

Otras veces, como mi abuela materna, se tachan con boli (o se borran la foto del perfil) porque en un momento determinado no se gustan. Normalmente son o fueron mujeres guapas que soportan peor el hecho de ver envejecer su rostro. O ya no quieren mostrarse más porque sus decepciones y sufrimientos se reflejan todas de golpe en el rostro, en cada arruga y en cada comisura, y no lo pueden soportar. O porque ya no tienen a mano a ese amigo a amiga que las quiere y que les sacaba una fotos estupendas simplemente por el hecho de estar ahí y mirarlas.

Otros rostros, en cambio, son muy humanos o muy espirituales y tienen una belleza a prueba de bomba. A éstos, contra más años pasan, mejor se les vé. Más plenitud y más paz emana de ellos atravesando el papel o la pantalla. Es el caso de Alejandra, actriz, aquí con vestuario y maquillaje para el estreno de la obra teatral”Calígula” de Albert Camus en el Teatro de Rojas de Toledo, en 2012.

2 comentarios en «Retratos»

  1. Ei, quina il.lusió llegir-te! Tan amena com sempre. Estic d’acord amb què les mascaretes no ajuden gens els físics, i a més la pèrdua d’expressió és brutal i ho fa tot més avorrit. Però per altas banda no sé on seríem sense les mascaretes. I en termes de físic tenen una virtut: tapen la papada. Espero que vagi tot bé, dins del què cap. Una abraçada

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